lunes, 11 de octubre de 2010

La Sincronizidad




La Sincronizidad


Del Sitio Web Wikipedia







Principio de Sincronizidad

Mediante el Principio de Sincronizidad, C. G. Jung intenta dar cuenta de una forma de conexión entre fenómenos o situaciones de la realidad que se enlazan de manera acausal, es decir, que no presentan una ligazón causal, lineal, que responda a la tradicional lógica causa-efecto.


Fundamentación

Será a través de dos de sus escritos de 1952 como expondrá el concepto de Sincronizidad:
Sincronizidad como principio de conexiones acausales, publicado junto a una monografía de Wolfgang Pauli, «La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler», en Interpretación de la naturaleza y la psique.
Sobre Sincronizidad, conferencia pronunciada en los encuentros Eranos.
En ellos establecerá que la manera en que los fenómenos se vincularían sería a través de su significado. Un típico ejemplo de Sincronizidad se da cuando una persona constata que una imagen mental suya, netamente subjetiva, es reflejada, sin explicación causal, por un evento material exterior a él. En términos de Jung, sería la concordancia, en el nivel del significado, de una imagen mental con un fenómeno material que se dan simultáneamente. Por lo tanto, Jung considera que las Sincronizidades son "concordancias significativas acausales".

Para él, la Sincronizidad es,
"la coincidencia de dos o más acontecimientos, no relacionados entre sí causalmente, cuyo contenido significativo es idéntico o semejante...".
Una de las citas favoritas de Jung sobre Sincronizidad remite a la obra de Lewis Carroll A través del espejo, en la cual la Reina Blanca dice a Alicia: Es mala memoria, la que funciona sólo hacia atrás.[1]

El surrealismo dio también una gran importancia a este tipo de fenómenos, denominados por André Breton «azar objetivo».




Casuística
-  Jung cita inicialmente en su obra dos casos prototípicos, indicando en ellos no una explicación dirigida a hacer cambiar de opinión a quien ve solamente casualidades, sino a modo de exposición de la manera en que suelen presentarse en la vida práctica las coincidencias de sentido:
Una joven paciente soñó, en un momento decisivo de su tratamiento, que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras ella me contaba el sueño yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí detrás de mí un ruido como si algo golpeara suavemente la ventana. Me di media vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo.

Era la analogía más próxima a un escarabajo de oro que pueda darse en nuestras latitudes, a saber, un escarabeido (crisomélido), la Cetonia aurata, la «cetonia común», que al parecer, en contra de sus costumbres habituales, se vio en la necesidad de entrar en una habitación oscura precisamente en ese momento. Tengo que decir que no me había ocurrido nada semejante ni antes ni después de aquello, y que el sueño de aquella paciente sigue siendo un caso único en mi experiencia.
C. G. Jung,
Sincronizidad como principio de conexiones acausales.[2]


La mujer de un paciente mío de cincuenta y tantos años me contó una vez en una conversación coloquial que, cuando murieron su madre y su abuela, se congregó, ante las ventanas de la habitación de las fallecidas, un gran número de pájaros, cosa que yo ya había oído contar más de una vez a otras personas. Cuando el tratamiento de su marido estaba a punto de concluir porque había desaparecido la neurosis, le aparecieron unos síntomas leves que yo atribuí a una afección cardíaca. Lo remití a un especialista que, tras el primer examen clínico, me comunicó por escrito que no le había encontrado nada que fuera motivo de preocupación.

Cuando mi paciente regresaba a casa tras esta consulta (con el informe médico en el bolsillo), se desplomó de repente en plena calle. Cuando lo llevaron a casa moribundo, su mujer ya estaba inquieta y asustada porque, al poco rato de haber marchado su marido al médico, se había posado en su casa una bandada entera de pájaros. Como es natural, inmediatamente recordó los similares sucesos que habían tenido lugar a la muerte de sus parientes, y se temió lo peor.
C. G. Jung,
Sincronizidad como principio de conexiones acausales.[2]

-  Otro ejemplo clásico de Sincronizidad apunta a un suceso acontecido en la vida del actor Anthony Hopkins. Cuando éste fuera contratado para actuar en la película La mujer de Petrovka, no consiguió encontrar en ninguna librería londinense la novela de George Feifer en la que se basaba el guión. Frustrado y aburrido, se dispuso a tomar el Metro para regresar a su casa.

Estaba sentado en la estación de Leicester Square cuando, de pronto, halló el libro en un banco. Se quedó tan asombrado de su buena suerte que ni siquiera reparó en las anotaciones que el volumen tenía en los márgenes. Dos años más tarde su sorpresa fue aún mayor. Al conocer al autor durante el rodaje del filme, éste le dijo que había perdido su ejemplar anotado.

Dicho ejemplar era el mismo libro que Hopkins había encontrado en la estación olvidado sobre un banco.


Referencia bibliográfica
Jung, Carl Gustav (2004), Sincronizidad como principio de conexiones acausales (1952). Sobre Sincronizidad (1952), Obra completa volumen 8: La dinámica de lo inconsciente. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 9788481645873.


Notas
A través del espejo, de Lewis Carroll, Capítulo 5, Lana y Agua. En Carroll, Lewis (1999), Alicia anotada: Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo, 233, Madrid: Akal Ediciones. ISBN 9788473396943.
Es una mermelada muy buena –dijo la Reina.
Bueno, de todos modos hoy no me apetece.
Hoy no la tendrías aunque quisieras –dijo la Reina–. La regla es: mermelada ayer, mermelada mañana... pero no hoy.
Pero de vez en cuando debe haber «mermelada hoy» –objetó Alicia.
No; no puede ser –dijo la Reina–. La mermelada toca al otro día; como comprenderás, hoy es siempre éste.
No os comprendo –dijo Alicia–. ¡Lo veo horriblemente confuso!
Es lo que pasa al vivir hacia atrás –dijo la Reina con afabilidad–: siempre produce un poco de vértigo al principio...
¡Vivir hacia atrás! –repitió Alicia con gran asombro–. ¡Jamás había oído nada semejante!
Sin embargo, tiene una gran ventaja: la memoria funciona en las dos direcciones.
Desde luego, la mía solo funciona en una –comentó Alicia–. No puedo recordar cosas antes de que hayan sucedido.
Es mala memoria, la que funciona sólo hacia atrás –comentó la Reina.

Jung, Carl Gustav (2004), Obra completa volumen 8: La dinámica de lo inconsciente. Sincronizidad como principio de conexiones acausales, 433, Madrid: Editorial Trotta. ISBN 9788481645873.



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El Mono Numero Cien 


Por Paul H. Koch
Del Sitio Web ElPasoDeLasTermopilas

Una de las ventajas de tener un blog con lectores activos como éste es el tránsito de información en todos los sentidos.

Son muchos los amables conspiranoicos que han publicado direcciones de Internet sumamente interesantes en sus comentarios o que me las han enviado al correo para poder comentarlas sotto voce. Me gustaría ir más rápido para contestar a todo el mundo pero no sé a quién se le ocurrió que el día tuviera sólo 24 horas. Una de las sorpresas de las últimas semanas fue un libro que me descubrió recientemente un lector, preguntándome si acaso lo había escrito yo.

El libro se titula Las Sociedades Secretas y Su Poder en el Siglo XX, está firmado por Jan Van Helsig (un seudónimo muy adecuado para cazar vampiros y otros monstruos de la noche - aunque le falta una n - según reconoce su propio autor, que también dice ser un joven de 26 años - o lo era en el año de 1998 cuando dice haberlo escrito), y hasta hace un rato, al menos, continuaba accesible en la Red.

Ha sido toda una sorpresa porque, en efecto, se asemeja bastante a mi Illuminati, que apareció seis años más tarde. Y porque el autor, según se desprende de su lectura, parece descender igualmente de alemanes y españoles.

Pero no, como le contesté ya en privado a este lector, ni yo soy Van Helsig ni el libro es mío, ni de hecho conocía su existencia hasta hace unos días.

En todo caso, aunque algunas de las informaciones que facilita son erróneas y otras no me atrevería a suscribirlas porque están por confirmar, se trata de una obra en general recomendable y que ordena muchas de las piezas sueltas del gran rompecabezas que tratamos de armar usted y yo desde hace tiempo con tanta paciencia.

Pero lo más interesante de este libro son sus capítulos finales, que suscribo casi al completo. Se refieren a lo que una persona corriente puede hacer o dejar de hacer cuando ha tomado conciencia de la amenaza que suponen los Illuminati o cualquiera otra sociedad secreta de entre aquéllas que, digamos, trabajan no precisamente por el bien común.

Frente a la tentación de la desesperación o de huir del mundanal ruido para establecerse en algún recóndito lugar del planeta lejos de todo y de todos (¿queda algún sitio así?) recomienda enfrentarse al riesgo en el único campo de batalla al que usted y yo tenemos acceso, que no es otro que nuestro propio interior.

¿Pero qué puedo hacer yo solo, por más que mire a mi interior, si soy un simple humano más, sin ningún tipo de superpoderes? es una de esas preguntas-trampa que nos tienden para que simplemente cerremos los ojos, aceptemos el plan dominante y nos unamos al coro de bueyes (toros castrados, recuerde) que tiran ciegos del carro.

Sin embargo, Van Helsig tiene mucha razón cuando comenta que, hasta cierto punto, los Illuminati son necesarios para ponernos a prueba y cuando se pregunta lo mismo que hace mucho tiempo vengo yo también preguntándome y preguntándole a usted cuando se deja:
si usted tuviera la oportunidad de ocupar la posición de uno de ellos, un Rockefeller, un Rotschild, un Weishaupt..., si usted pudiera vivir como un millonario, a todo tren, sin problemas, sin agobios, sin importar lo que ocurriera con el resto del mundo..., simplemente colaborando con el sistema sin necesidad de cometer ningún crimen, sólo colaborando... ¿Renunciaría a ello?
No conteste ahora. Sólo piénselo.

Y respecto a su posible inanidad, ¿quién le ha dicho que usted no es importante? ¿Que un acto suyo en apariencia inútil no puede desencadenar una serie de consecuencias benéficas  - o maléficas... -  para toda la Humanidad?

Solemos pensar en nosotros como árboles solitarios en medio de la estepa, aislados, sin posibilidad de influir sobre la marcha del mundo, cuando en realidad deberíamos vernos como una pieza de dominó de esos gigantescos puzzles japoneses. Una pieza que, al caer, empuja a otra, y a otra, y a otra, y a otra, y a..., hasta que tumba millones de otras piezas y da como resultado un cuadro muy diferente al que había cuando esas piezas estaban de pie.

Alguien definió eso como el "efecto mariposa".

Van Helsig incluye en sus conclusiones una historia muy ilustrativa acerca de cierto experimento que realizaron unos científicos precisamente en Japón con un grupo de monos en cautividad en una pequeña isla. Les arrojaron unas patatas dulces a la arena para estudiar lo que hacían y los monos inmediatamente se las comieron, aunque les desagradaba encontrarse con arena entre los dientes.

Uno más listo que los otros cogió una patata y la lavó en un arroyo y luego se la comió libre de arena. El resto de monos se percataron y acabaron imitándole. Al cabo de un tiempo, todos los monos cogían las patatas de la arena y las lavaban antes de comérselas.

Noventa y nueve monos lo hicieron, pero llegó el mono número cien y revolucionó el sistema.

El mono número cien, "el Nikola Tesla de los monos" como él le bautiza en honor al extraordinario - y por ello silenciado - científico de origen servio, no lavó la patata en el arroyuelo sino que se acercó a la costa con ella y se atrevió a meterla en el agua marina pues había probado la sal y sabía que las patatas estaban mucho más sabrosas saladas.

Lo extraordinario del experimento es que no sólo le imitaron los demás monos sino que a partir de entonces empezaron a hacerlo también los de una isla vecina ubicada a 90 kilómetros de distancia. Y el fenómeno se repitió, se fue expandiendo como si alguien hubiera tirado una piedra al agua, en un espacio geográfico cada vez mayor.

Esto demuestra un par de cosas.
Primero: las casualidades que a veces encontramos en descubrimientos científicos, teorías políticas, obras literarias..., que son desarrolladas por personas distintas en distintos lugares del mundo sin contacto físico entre ellas (caso por ejemplo del libro de Van Helsig y el mío) no son tales.
Segundo: porque cuando alguien descubre algo, ya sea el sabor de la patata salada o la existencia de una sociedad secreta determinada que está haciéndonos la vida imposible con sus maquinaciones, de alguna forma está abriendo algún tipo de puerta mental o en otros planos o no sé exactamente dónde que hace que otras personas en otros lugares del mundo lo descubran igualmente.
En consecuencia: ¿Qué puedo hacer yo solo...? no es la pregunta correcta. Usted solo probablemente no puede hacer nada. Ni yo solo. Ni mil millones de personas solas, cada una en su soledad. Pero, ¿y todos juntos? Si se suman mil millones de pequeños solos se consigue un enorme todos juntos, ¿no le parece?
Como bien insiste Van Helsig, una gota no llena un vaso de agua pero es precisamente una gota exactamente igual a todas las demás, ni más ni menos importante, la que desborda un vaso lleno. Parece obvio que el mono número cien nunca pensó cuando se le ocurrió lavar la patata en agua de mar que él iba a desencadenar esa auténtica corriente de nuevo pensamiento y actuación.

Recuerdo que cuando empecé a publicar en español no había prácticamente nada escrito en este país acerca de los Illuminati y las conspiraciones eran un tema de risa, proscrito de las conversaciones "serias". Hoy hay numerosos títulos en las librerías (hay de todo, lógicamente, cosas interesantes y auténticas estupideces, pero ahí está usted para discernir) y el debate reaparece cada cierto tiempo en los medios de comunicación.

Mucha gente común es ya consciente de que esas sociedades existen aunque todavía estén en una etapa primaria de no-me-hagas-pensar-en-eso-que-no-quiero-romperme-la-cabeza.

¿Y en la web? En los últimos meses he visto aparecer multitud de proyectos a cual más apasionante:
el proyecto matriz
humilde humano
planeta esclavo
heliotropo de luz
trinity a tierra
juegos multidimensionales
conspirando contra el nuevo orden mundial...,
...y muchos más que se pueden encontrar a partir de éstos.

Y el fenómeno, por fortuna, parece que no ha hecho más que empezar. Hace dos días me llegaba al correo el aviso de otro nuevo conspiranoico que ha empezado a publicar como el hombre puede.

Y yo brindo a los dioses y digo: Wunderbar!

Me alegro de esta explosión de libertad conspiranoica y usted no sabe hasta qué punto, pues cuanta más gente se implique en todo esto, cuantas más personas investiguen y piensen y sepan y en consecuencia actúen, más posibilidades tenemos, entre todos (porque solos jamás conseguiremos hacer nada) y cada uno (porque aunque el apoyo sea múltiple, cada uno debe seguir su propio camino, debe aprender y descubrir y asimilar por sí mismo: nadie digiere la comida de otro), de cambiar las cosas.

Supongo que no hace falta decirlo, pero por si está usted despistado se lo advierto: en toda esta historia, yo no he comenzado absolutamente nada ni quiero apuntarme medalla alguna. Soy un simple eslabón de la cadena y uno de los motivos por los que más contento estoy de que esa cadena sea cada día más larga es porque no sé cuánto tiempo más voy a poder seguir formando parte de ella.

Van Helsig incluye en sus conclusiones un poema que dice sacado del Talmud, aunque no tengo muy claro que sea ése su origen, pero en todo caso es muy hermoso y práctico al mismo tiempo.

Dice:
Presta atención a tus pensamientos porque se convertirán en palabras.
Presta atención a tus palabras porque se convertirán en actos.
Presta atención a tus actos porque se convertirán en hábitos.
Presta atención a tus hábitos porque se convertirán en tu carácter.
Presta atención a tu carácter pues él es tu destino.
Y yo añado:
Ite missa est.


Fuente:
http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_synchronicity12.htm

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La Teoría de los Seis Grados
Sincronizidad y Estructuras de Redes


Del Sitio Web BlipTV


Probablemente ha oído hablar del concepto de 'Los Seis Grados'. Cualquier persona está conectada a cualquier otra, a través de seis o menos conocidos, porque es un mundo pequeño.

La teoría de separación de seis grados entre los seres humanos es supuestamente un mito urbano pero este video descubre que, en realidad, está en el corazón de una teoría científica revolucionaria.

Pero, ¿y si esta teoría de un mundo pequeño e interconectado no se refiriese sólo a personas sino también a virus, neuronas, proteínas e incluso modas de ropa?, ¿y si nos permitiera llegar a algo que rija la naturaleza?

Solíamos pensar que la manera en la que las páginas Web, las poderosas rejillas y los vínculos de unión entre las personas son más o menos aleatorias, pero ¿y si los científicos hubieran descubierto recientemente que simples leyes fundamentales gobiernan todas las redes...?



Video:








Fuente:
http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_synchronicity13.htm

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